1. Resequedad de mucosas y piel
El flujo constante de aire puede resecar la piel, las fosas nasales, la garganta e incluso los ojos. Esto ocurre porque el ventilador acelera la evaporación de la humedad natural del cuerpo, lo que puede provocar molestias como sequedad ocular y sensación de irritación en la garganta al despertarte.
2. Mayor exposición a partículas en el aire
El ventilador no filtra el aire ni lo purifica; simplemente lo mueve. Al hacerlo, puede levantar polvo, polen, ácaros y otras partículas, lo que puede ser especialmente problemático para quienes sufren alergias, rinitis o asma.
3. Congestión, dolor de cabeza y malestar nasal
La sequedad en las fosas nasales puede causar que el cuerpo produzca más mucosidad para compensar, lo que en algunos casos se traduce en congestión nasal, dolor de cabeza o presión facial por la mañana.
4. Rigidez y molestias musculares
Dormir con el ventilador apuntado directamente hacia el cuerpo o mantenerlo encendido toda la noche podría contribuir a tensión y rigidez muscular, sobre todo en el cuello, la espalda o los hombros. Algunas personas se despiertan con dolor físico sin relacionarlo con el uso prolongado del ventilador.
¿En qué casos puede afectar la calidad del sueño?
La calidad del descanso depende de varios factores, y aunque el ventilador puede ayudar a lidiar con el calor, un flujo de aire irregular o demasiado fuerte puede interferir con las fases profundas del sueño.